El profesor comentaba un día en clase que la vida es como una carreta, jalada por una yunta de bueyes que consiste en las emociones y los pensamientos. De tal manera que se antepone el funcionamiento de la mente y el cuerpo al resto de factores que inciden en la toma de decisiones de las personas.
He aprendido a ser más crítico en los discursos que incitan a buscar la espiritualidad. Esto porque mi discurso de la vida ha cambiado. Junto a aquellas ideas de una vida con pasión hacia la transmisión de ideas cristianas a quien se cruzara por mi camino, había exhortaciones a demostrar santidad. Como integrante de una comunidad cristiana, me vi motivado por otros a fortalecerme dentro de esa institución dadas mis características emotivas y de elocuencia hacia el prójimo. Momentos en que el emocionalismo ejerce una batalla contra la razón, en nombre de la "sana doctrina". Se produce frustración, al no cumplir el estándar que los jerarcas religiosos establecen.
Las emociones exacerbaron mi ánimo religioso unas veces. El choque de dos pedernales produce una chispa que origina luz, y la discusión de dos ideas opuestas causa la luz de la verdad. Entre mis pensamientos, en cada etapa de mi vida, siempre estuvo presente la necesidad de retroalimentación, nutrida por el fuego sui generis del ser humano de entender su entorno. ¿Quién me puede culpar de ello? Materializo la tendencia hacia el bien común cada vez que descubro, porque en vano es acumular conocimiento para sólo llevarlo a la tumba. La religión me alejaba de las personas.
Dudar de lo que he creído desde la tierna infancia, mezcla de emociones y pensamientos. Angustias, paisajes. La búsqueda de la verdad. La expresión de la vida, como se puede llegar a percibir por parte de cada persona, creo que es un factor que hace falta en ese ejemplo de carreta y bueyes.
No he renunciado del todo a ese batolito espiritual que nació desde que tengo memoria, no me lo permito. Mi idea de Dios es excelsa. No concuerda con ninguna que recuerde haber escuchado de ningún predicador ni líder prominente religioso. Es mía, mi construcción basada en lo que he entendido, y mi concepción de un ser superior es respetable al menos en el mismo grado que cualquier otro razonamiento humano.
Esa concepción de Dios, inseparable de cada ser pensante, es otro elemento sesgado por ese ejemplo de la carreta y la yunta de bueyes.
He aprendido a ser más crítico en los discursos que incitan a buscar la espiritualidad. Esto porque mi discurso de la vida ha cambiado. Junto a aquellas ideas de una vida con pasión hacia la transmisión de ideas cristianas a quien se cruzara por mi camino, había exhortaciones a demostrar santidad. Como integrante de una comunidad cristiana, me vi motivado por otros a fortalecerme dentro de esa institución dadas mis características emotivas y de elocuencia hacia el prójimo. Momentos en que el emocionalismo ejerce una batalla contra la razón, en nombre de la "sana doctrina". Se produce frustración, al no cumplir el estándar que los jerarcas religiosos establecen.
Las emociones exacerbaron mi ánimo religioso unas veces. El choque de dos pedernales produce una chispa que origina luz, y la discusión de dos ideas opuestas causa la luz de la verdad. Entre mis pensamientos, en cada etapa de mi vida, siempre estuvo presente la necesidad de retroalimentación, nutrida por el fuego sui generis del ser humano de entender su entorno. ¿Quién me puede culpar de ello? Materializo la tendencia hacia el bien común cada vez que descubro, porque en vano es acumular conocimiento para sólo llevarlo a la tumba. La religión me alejaba de las personas.
Dudar de lo que he creído desde la tierna infancia, mezcla de emociones y pensamientos. Angustias, paisajes. La búsqueda de la verdad. La expresión de la vida, como se puede llegar a percibir por parte de cada persona, creo que es un factor que hace falta en ese ejemplo de carreta y bueyes.
No he renunciado del todo a ese batolito espiritual que nació desde que tengo memoria, no me lo permito. Mi idea de Dios es excelsa. No concuerda con ninguna que recuerde haber escuchado de ningún predicador ni líder prominente religioso. Es mía, mi construcción basada en lo que he entendido, y mi concepción de un ser superior es respetable al menos en el mismo grado que cualquier otro razonamiento humano.
Esa concepción de Dios, inseparable de cada ser pensante, es otro elemento sesgado por ese ejemplo de la carreta y la yunta de bueyes.
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