Dulce flagelo
a un corazón que no entendía razón
que guardaba bien su secreto
cual primavera eterna
que se regocija en el abrazo del Sol
soñador de estar contigo siempre.
Viajo en el bus, y pienso en ti
camino lejos, muy lejos
y tu recuerdo me persigue
corro al balcón de mis sueños
y mi corazón me pide buscarte
¡me esfuerzo por olvidarte,
desde que me dijiste que sólo amigos!
Me dijeron que el amor era ingrato
pero aseguro que no es verdad.
Por el amor suceden cosas increíbles
por amor se desborda el universo
y concibe crear la felicidad
aunque yo sacrifique esta
al no entender todavía
por qué no me pertenecieron nunca tus labios
ni te derretiste en mis brazos.
Se hace de madrugada
y voy cayendo en razón
de que Dios tiene planes perfectos
aunque escojamos mal
y nos dejamos guiar por el mentiroso corazón
porque Dios no es hijo de hombre para arrepentirse
y ha prometido cosas gloriosas para quien lo ama.
Mis ojos ya no ven la flor más bella,
ese mirasol que te di, era de mi alma
pasa la madrugada
y se van las tinieblas de mi alrededor
se calman con volver a oler el mirasol
que la tierra produce con tanto amor
y que Dios, olor de miel confirió.
Cómo sufre el hombre
si se deja endulzar por dulces flagelos
cuando el corazón no entiende razón
los deseos de acariciar una silueta de seda
que sólo existe en los pensamientos
y evoca a la perdición misma
del rumbo verdadero.
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