jueves, 25 de noviembre de 2010

Embajador de la ONU y las Torres Gemelas

Hipotéticamente, siendo yo embajador de Costa Rica ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ¿me levantaría de mi asiento y saldría de plena Conferencia si no me gustara algo que acabara de oir? ¿Sería ese un comportamiento adecuado, para una persona que ocupe tal cargo?
Antes de responder, se debe tomar en cuenta que Costa Rica es un Estado social de derecho. Este país es garante de la libertad de expresión, sin discriminación de ninguna clase a nadie. El respeto por la opinión contraria a la nuestra, la tolerancia, el diálogo como medio para alcanzar la retroalimentación, son rasgos esenciales de la libertad de expresión.
Como embajador debo ser congruente con lo que mi país ha decidido hacer. Como representador de un país que se ensalza de la libertad de expresión, debo ser ejemplo de respeto por la opinión del resto. De mi parte, sería de esperar el fomento a la diseminación de esta libertad por todos los países en que tenga la oportunidad de encontrarme, como parte del ejercicio de mi cargo diplomático.
Considerando lo anteriormente expuesto, creo que levantarme de mi asiento y retirarme de la Conferencia sería un acto reprochable de parte de mi país, ante el cual deberé de rendir cuentas de mis actos. Al ser intolerante ante la opinión ajena, se incurre en una falta inconstitucional, hablando de Costa Rica, y en contra de los Derechos Humanos, inclusive.
Al ocupar un cargo de representación de un país, se debe asumir la actitud más excelsa que representa a un pueblo, en el trato a los compañeros de representación del resto de países. Las sociedades del mundo cada vez se unen más, por medio de la comunicación. Esta comunicación es cada vez más integral, involucra cada vez más aspectos de la vida social de cada pueblo, ayuda a establecer cada vez más y mejores relaciones entre los individuos de distintos pueblos acercándolos respecto a afinidades e intereses. La tendencia humana es de comunicación, retroalimentación, buen entendimiento, elementos alcanzables sólo por medio de la tolerancia a las diferencias de hoy y la voluntad de establecer una mejor convivencia entre todos los habitantes del mundo.
Nada se gana, de hecho, mucho se pierde aislándose, guárdandose de escuchar la opinión ajena, aunque no nos guste. Más se pierde aun, cuando esto puede entorpecer las relaciones internacionales.

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